Ella abre la puerta y se sienta en el asiento trasero. Le pide al chófer que la lleve a una dirección que parece ser su casa. Mira por la ventanilla, sabe que algo, parte de ella, quedó allá afuera para nunca más volver. El taxista la observa, algo en su mirada perdida en el infinito le atrae, le intriga. Ella continúa con la vista hacia un punto que no existe, su observación se dirige hacia adentro, un lugar que desde hoy está oscuro y no puede reparar. El hombre intenta sacar un tema de conversación, le habla sobre el tiempo y ella vuelve en sí, lo mira por un instante y responde monosilábica. Pero él no se rinde, espera unos minutos y le pregunta educadamente si vuelve de trabajar, ella se lo confirma con una frase fría que lo hace pensar: «sí, si es que a eso se le puede llamar trabajo». El hombre sonríe cree haber ganado algo y le cuenta que hace nueve horas está arriba del auto, que se muere de ganas de parar para ir a cenar. Ella pica el anzuelo y le pregunta si lo puede acompañ...
Relatos eróticos y cuentos antisistema. Cortos, filosos y mal hablados.