Sonó el timbre del departamento de al lado, era domingo a las 8 de la mañana ¿quién mierda podría ser? Nadie respondió y el NN volvió a tocar varias veces, nadie respondió. Al concierto se sumaron varios golpes a la puerta y una voz que dijo: “Abrime Nilda, soy Emillio. Dale, abrime que la vamos a pasar bien”. Luego de un rato se escuchó la puerta de Nilda que se abrió para dejar entrar al insistente y excitado intruso. Me tapé la cara con la almohada a ver si de una vez por todas me moría y podía dormir, aunque más no sea, para toda la eternidad. Hasta la vieja depresiva tenía sexo y yo no siquiera podía pegar un ojo. Dormir en este departamento parecía una misión imposible, ya hace casi ocho meses que me encomendé esta tarea y nada. Luego de varias vueltas, me relajé, dejé de pensar boludeces drásticas y me dormí. Soñé que vivía en una casa de madera cerca de las montañas, estaba sentada en la galería y desde ahí veía a mi perro, amarillo y de pelaje brilloso, que corría libre y ...
Relatos eróticos y cuentos antisistema. Cortos, filosos y mal hablados.