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Mostrando entradas de junio, 2020

Alma y Nilda - Capítulo III: Emilio a-dorado

Sonó el timbre del departamento de al lado, era domingo a las 8 de la mañana ¿quién mierda podría ser? Nadie respondió y el NN volvió a tocar varias veces, nadie respondió. Al concierto se sumaron varios golpes a la puerta y una voz que dijo: “Abrime Nilda, soy Emillio. Dale, abrime que la vamos a pasar bien”. Luego de un rato se escuchó la puerta de Nilda que se abrió para dejar entrar al insistente y excitado intruso. Me tapé la cara con la almohada a ver si de una vez por todas me moría y podía dormir, aunque más no sea, para toda la eternidad. Hasta la vieja depresiva tenía sexo y yo no siquiera podía pegar un ojo. Dormir en este departamento parecía una misión imposible, ya hace casi ocho meses que me encomendé esta tarea y nada. Luego de varias vueltas, me relajé, dejé de pensar boludeces drásticas y me dormí. Soñé que vivía en una casa de madera cerca de las montañas, estaba sentada en la galería y desde ahí veía a mi perro, amarillo y de pelaje brilloso, que corría libre y ...

Alma y Nilda - Capítulo II: Alma está internada y Nilda está depresiva

Cerré la puerta con las dos llaves, no es momento de confiar. Nilda me esperó para bajar, corrí para subir al ascensor con ella e hice fuerza para cerrar las dos puertas plegadizas. Se veía más flaca pero igual de coqueta y pintada que siempre, decía que estuvo pasando un mal momento debido a la depresión ¿qué mierda decir ante esas situaciones? ¿le digo que la vida es hermosa y que se deje de joder? o ¿que la vida es una mierda y que se pegue un corchazo? Bah… mejor le digo que estoy apurada que me cierra la carnicería y que otro día hablamos. Ella no me dió derecho a réplica y se bajó en el 1° piso para ver a un tal Emilio. Nilda está depresiva y Alma… está internada ¿será mucha coincidencia? Hace un mes las dos se pelaban en el pasillo y ahora las dos separadas y enfermas. Bue.. como si la locura fuera una enfermedad. Alma gritaba todas las mañanas el nombre de mi gato con su voz de soprano lírica. Mis oídos y mis sueños disfrutaban en su ausencia forzada de un descanso pleno, s...

Alma y Nilda - Capítulo I: El accidente

Desde los sueños escuché el ruido de unos zapatos recorrer el pasillo. El sonido de los tacos cesó con un golpe fuerte en mi puerta. Los gatos se despertaron al instante y yo que con mis problemas para dormir por fin había logrado llegar al sueño, me desperté tardíamente. Caminé descalza hasta la puerta para ver si escuchaba alguna cosa. Nilda y Alma cuchicheaban entre ellas: - Nilda ¿qué vamos a hacer ahora? - Nada, Alma ¡Callate querés! No me animé a abrir la puerta y preferí seguir escuchando. Al otro lado, los ruidos de varios golpeteos secos como si estuviesen cortando algo, el arrugarse de bolsas y a las dos mujeres susurrar e insultarse: - Pero… ¿a vos te parece que yo usaría unos zapatos como estos? Son tan ordinarios. - ¡Ah.. y a vos! ¿usar conmigo Nilda el truco del piso resbaladizo? Yo casi no salgo de mi departamento querida. - Bueno ¡me confundí! La pucha… justo pasó esta… ¡Basta de cháchara y ayudame que parece que se comió un bulón! Michi Love

La máquina

“Estoy necesitando que me cojan bien”, le dijo ella a su acompañante al oído mientras le rozaba el bulto con su culo. Ella era alta, morena y refinada. Él no podía creer que ese minón que miró embobado todo la noche le dió bola, sí, a él un tipo gris, gordito de birra, ojeroso de tanto faso y aburrido de tanto número en la caja del banco. Le comió la boca y luego de franelear un rato se fueron juntos a la casa de ella. La noche fue hermosa y el día mucho mejor. Tuvieron que ventilar el colchón para que se seque la humedad que derrocharon los cuerpos. Roberto estaba enloquecido con el minón y pensó que por fin le había pasado algo intenso desde que había nacido, por fin la vida tenía sabor, el delicioso sabor a cajeta de minón.  Ella no era cariñosa con él, ni mucho menos amable, lo que sí era caliente, excitante, sorprendente. Él intentó irse después de casi 24 h de estar juntos pero ella con una teta lo convencía y así durante una semana. Roberto no lo podía creer, la excusa de co...