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Mostrando entradas de 2020

La Cenicienta de Barracas

Nací en el barrio de Barracas, en el vértice, en el límite de capital y provincia, muy cerca de la mugre del riachuelo. Vivía con mis tres hermanastras que aunque eran igual de miserables que yo, querían cagar más alto que el culo. Siempre me usaban de mula y aunque mi disgusto era enorme tenía que actuar, hacer de hermano marica que les hace de psicólogo, peluquero y asesor de imagen. Para peor mi padre había muerto y me había dejado con mi “muy adorada” madrastra: Elba, que además venía con sus zánganas crías de 19, 27 y 40 años. Pero no todo era sufrimiento, a veces aprovechaba que ellas se tragaban el verso de la “buena hermanita” y les teñía el pelo con caca, les hacía baños de pie con agua, sal y un poquito de meo. Y eso no era todo... por la mañanas, muy temprano, acontecía lo más lindo de mis días… pasaba el camión de la basura y ahí, como si fuera una carroza de carnaval brasilero, montado en ella estaba Pedro, el padre de mis futuros hijos. Él era un morocho grandote, macizo,...

Un poco de amor… propio

  Ella buscaba calmar su monstruo sexual que le exigía comer como hace ya varias noches. “Este sí.. este no…”, un catálogo de gente, como si fuera un supermercado del amor o, mejor aún, del sexo. Pasaban rápidamente frente a sus ojos y al ritmo de su dedo índice: rostros, abdominales, viajes, frases y miembros. Collage humano, íconos de aquello con lo que las personas se identifican. La telaraña parecía vacía pero no se dio por vencida. Chequeó sus redes sociales a ver si alguna vieja presa había vuelto a caer en la trampa pero nada, los tipos estaban tan pajeros en ese entonces que no querían salir de su casa ni siquiera para coger. Sonó el teléfono, por fin otro humano, era su amiga. Le contaba que recién había llegado de la casa de su nuevo chongo con el que se había hechado ¡3 polvos durante la tarde! Se alegró levemente por ella pero rápidamente la invadió la angustia. Esa que cala hondo y te reprocha mil cosas distintas: “¿será que estoy más gorda? ¿Capaz no cojo bien? ¿no so...

Uñas de rojo

Estaba nervioso, pasé la mano derecha por mi cabeza varias veces para secar la transpiración pero volvía a chorrear. Las venas me sobresalían de la pelada, parecía un loco. Pasaron 60 minutos desde el horario acordado y no venías. Miré la foto de tu cara y recordé la primera película porno que ví. Una de los ochenta, en la que una colorada hermosa como vos con las uñas largas y pintadas de rojo se manoseaba la entrepierna y estallaba de placer dando alaridos que jamás oí. Yo ya estaba   al palo pero vos seguías sin aparecer y no tuve mejor idea que aprovechar el tiempo. Me levanté y fuí al baño para hacerme una paja pero la mugre de los azulejos me recordaban las miles de bacterias que se pueden meter en mi pito, una concha o un culo y seguidamente se me bajó. Volví a mi mesa, todavía se me revolvía el estómago de asco pero también de nervios. Llamé al mozo para que me traiga una Fanta, la trajo rápidamente, tomé el primer sorbo y sonó mi celular. Era un mensaje tuyo, me contabas q...

Alma y Nilda - Capítulo V: Sin Alma

Día de perros en el laburo. Vuelvo caminando cansada con los pies de plomo como si jugara a secar el piso con los zapatos. Miro mi barrio que tanto amo pero estoy cansada y pienso “¡¿por qué mierda no seguí los consejos de mi tía Nery?! Ella me decía que tenía que casarme con un viejo con plata, que me lo bancara un tiempo y chau pichu. Que dios lo tenga en su gloria. Yo y mi orgullo de mierda. Abro la puerta de mi edificio y me cruzo con el vago del portero que de limpiar ni hablemos pero de la novela del edificio lo sabe todo. Flaquito y pelotudo, no hace un carajo de su vida y lleva siempre una cara de amargado, “dios le da pan al que no tiene dientes”. Por lo visto hoy tampoco limpió el piso y perfumó el ascensor con olor a basura, que linda vecindad. Encima como San Telmo es un barrio gay friendly la comunidad gay está copando el edificio y cada tanto hay algún guascaso de regalo. Claramente vivo en el borda. Voy subiendo en el ascensor y se detiene en el 3ro. Entra el rompe h...

Alma y Nilda - Capítulo IV: El regreso de los muertos vivos

Seis de la mañana, es miércoles 26 de diciembre, en pocas horas me tengo que levantar para ir a trabajar. Alguien golpea con fuerza la puerta de Nilda... ¡la re concha de la lora de Emilio, de Alma y de todas las viejas putas de este edificio! Acaso... ¡¿no se dan cuenta que soy una esclava más del puto sistema y qué a diferencia de ellos me levanto en 2 horas para ganar unas pocas chirolas?! Una voz masculina llama a la anciana por su nombre y golpea desesperado varias veces. Me alarmo, ¿a ver si por fin mis deseos de que las viejas forras se pudran se concretó?  - ¡¡Esperame Nilda!! – gritó desesperado. – “Voy a buscar las herramientas para poder abrir la puerta”. Se escuchó una corrida por el pasillo y el hombre regresar con las herramientas. Luego de varios intentos, se escuchó que la puerta se abrió y la vieja de fondo se quejó monosilábicamente: -Aaaaa… aaaaaa…. Aaaa. Oí al hombre hablar por teléfono y pedir una ambulancia. Yo no pienso abrir la puerta, lo ún ico que me fal...

Alma y Nilda - Capítulo III: Emilio a-dorado

Sonó el timbre del departamento de al lado, era domingo a las 8 de la mañana ¿quién mierda podría ser? Nadie respondió y el NN volvió a tocar varias veces, nadie respondió. Al concierto se sumaron varios golpes a la puerta y una voz que dijo: “Abrime Nilda, soy Emillio. Dale, abrime que la vamos a pasar bien”. Luego de un rato se escuchó la puerta de Nilda que se abrió para dejar entrar al insistente y excitado intruso. Me tapé la cara con la almohada a ver si de una vez por todas me moría y podía dormir, aunque más no sea, para toda la eternidad. Hasta la vieja depresiva tenía sexo y yo no siquiera podía pegar un ojo. Dormir en este departamento parecía una misión imposible, ya hace casi ocho meses que me encomendé esta tarea y nada. Luego de varias vueltas, me relajé, dejé de pensar boludeces drásticas y me dormí. Soñé que vivía en una casa de madera cerca de las montañas, estaba sentada en la galería y desde ahí veía a mi perro, amarillo y de pelaje brilloso, que corría libre y ...

Alma y Nilda - Capítulo II: Alma está internada y Nilda está depresiva

Cerré la puerta con las dos llaves, no es momento de confiar. Nilda me esperó para bajar, corrí para subir al ascensor con ella e hice fuerza para cerrar las dos puertas plegadizas. Se veía más flaca pero igual de coqueta y pintada que siempre, decía que estuvo pasando un mal momento debido a la depresión ¿qué mierda decir ante esas situaciones? ¿le digo que la vida es hermosa y que se deje de joder? o ¿que la vida es una mierda y que se pegue un corchazo? Bah… mejor le digo que estoy apurada que me cierra la carnicería y que otro día hablamos. Ella no me dió derecho a réplica y se bajó en el 1° piso para ver a un tal Emilio. Nilda está depresiva y Alma… está internada ¿será mucha coincidencia? Hace un mes las dos se pelaban en el pasillo y ahora las dos separadas y enfermas. Bue.. como si la locura fuera una enfermedad. Alma gritaba todas las mañanas el nombre de mi gato con su voz de soprano lírica. Mis oídos y mis sueños disfrutaban en su ausencia forzada de un descanso pleno, s...

Alma y Nilda - Capítulo I: El accidente

Desde los sueños escuché el ruido de unos zapatos recorrer el pasillo. El sonido de los tacos cesó con un golpe fuerte en mi puerta. Los gatos se despertaron al instante y yo que con mis problemas para dormir por fin había logrado llegar al sueño, me desperté tardíamente. Caminé descalza hasta la puerta para ver si escuchaba alguna cosa. Nilda y Alma cuchicheaban entre ellas: - Nilda ¿qué vamos a hacer ahora? - Nada, Alma ¡Callate querés! No me animé a abrir la puerta y preferí seguir escuchando. Al otro lado, los ruidos de varios golpeteos secos como si estuviesen cortando algo, el arrugarse de bolsas y a las dos mujeres susurrar e insultarse: - Pero… ¿a vos te parece que yo usaría unos zapatos como estos? Son tan ordinarios. - ¡Ah.. y a vos! ¿usar conmigo Nilda el truco del piso resbaladizo? Yo casi no salgo de mi departamento querida. - Bueno ¡me confundí! La pucha… justo pasó esta… ¡Basta de cháchara y ayudame que parece que se comió un bulón! Michi Love

La máquina

“Estoy necesitando que me cojan bien”, le dijo ella a su acompañante al oído mientras le rozaba el bulto con su culo. Ella era alta, morena y refinada. Él no podía creer que ese minón que miró embobado todo la noche le dió bola, sí, a él un tipo gris, gordito de birra, ojeroso de tanto faso y aburrido de tanto número en la caja del banco. Le comió la boca y luego de franelear un rato se fueron juntos a la casa de ella. La noche fue hermosa y el día mucho mejor. Tuvieron que ventilar el colchón para que se seque la humedad que derrocharon los cuerpos. Roberto estaba enloquecido con el minón y pensó que por fin le había pasado algo intenso desde que había nacido, por fin la vida tenía sabor, el delicioso sabor a cajeta de minón.  Ella no era cariñosa con él, ni mucho menos amable, lo que sí era caliente, excitante, sorprendente. Él intentó irse después de casi 24 h de estar juntos pero ella con una teta lo convencía y así durante una semana. Roberto no lo podía creer, la excusa de co...

Porno Soft

“Soy Nicolás tengo 18 años, mi pija mide 22 x 6” fueron las primeras palabras que dijo a cámara mientras lo filmaban. Era inexperto y canchero, pensó que le iban a chupar la pija y chau. Pero, no fue así. Después de la entrevista, el productor le manoteó el bulto y, aunque se incomodó, no le desagradó. Él siempre creyó que era el más capito del barrio, siempre activo, pero esta vez, entre esas cuatro paredes, el culo se le dilató a él, tal vez por morbo, curiosidad y desesperación. “¡Quedate nene, vamos a filmar!”, le propuso el hombre y el pibe sin poder creerlo ni dudarlo, en porno star se convirtió. Había llegado a esa oficina roñosa de un 7mo piso en Corrientes y Callao para un “casting”, luego de ver en la web un aviso pequeño pero prometedor. Estaba convencido de que iba ser algo más en su vida que un rati o un chorro. Que con esa pija grande iba a brillar e iba a tener una “ porno life ”. Tal vez, esta podía ser su oportunidad. Sus amigos del barrio, un par de veces...

Delivery

«Ciento setenta pesos mamita », le dijo el pibe entregándole el paquete. La mujer de setenta años agarró con sus manos la cena envuelta que le trajo ese proyecto de hombre. Sacó de su bolsillo trasero doscientos pesos y se lo dio, « quedate con el vuelto nene », le dijo ella mientras cerraba la puerta. El pibe tomó la bici que hacía de moto y se fue feliz con los treinta pesos. Ella se dirigió a la puerta plegable del viejo ascensor, la abrió y subió hasta el octavo piso. Durante el ascenso disfrutó con la cabeza baja el aroma de su plato, su cabellera rubia y lánguida caía cubriendo su rostro de mina amargada. El frenar repentino del ascensor le sacudió el cuerpo. Salió de la añejada caja de metal y caminó por un oscuro pasillo hasta llegar a la puerta de su departamento. Puso las llaves en la cerradura y la giró hasta que hizo tope. Con su cuerpo empujó la puerta y entró. Nadie la esperaba, solo el silencio y el calor de su comida. Prendió la tele, empezó a hacer zapping pa...

La mala noche

Una mala noche, de esas en las que todo sale mal. Caminó por la calle empedrada muy cerca de las 12 h, ni un alma y ella vestida para matar. Llegaba tarde a la primera cita, con un taco roto y casi descalza. Muerta de miedo, nervios y con ganas de gustar. Dió vuelta a   la esquina acomodándose el pelo y un borracho que casi se la lleva puesta, le escupió una guasada que algunas personas considerarían “piropo”. Caminó más rápido como si tuviera una pierna más corta que la otra, producto de la rotura del taco en una calle empedrada. Mientras aceleraba el paso, sacó un espejito de su cartera para revisar su maquillaje pero ya era tarde, se le derretía en la cara por el calor de la noche. Antes de llegar a la otra esquina, un pedazo de mierda se le hizo zapato. Puteó un rato largo y miró al cielo con resignación. Su cita a ciegas capaz ya se habría ido. “Un problema a la vez”, pensó. Y metió el pie embadurnado con caca sobre el agua marrón de la zanja. Después, se refregó la pl...

La cañería

  Suena el timbre de un departamento en la Ciudad de Buenos Aires. Su chirrido es como el sonido que da inicio a la libertad de los chicos en el recreo de las escuelas. Una joven baja corriendo, una teta casi se le escapa de su musculosa roja. Abre la puerta y sonríe. Es su madre, una mujer canosa y robusta de unos 60 años, muy tímida que hasta le pide permiso a su propia hija para pasar. La joven rubia y delgada la abraza fuerte y sube las escaleras, deja un poco atrás a su madre que paso a paso mueve las florecitas de su vestido rosa pastel. La joven abre la puerta y la deja entrar. En el interior del departamento, dos valijas grandes de color azul aguardan en el medio de la sala. La chica le agradece con un fuerte abrazo a su madre y baja rápido con los bultos. Sobre la vereda, la mayor de las mujeres ve como se aleja el taxi poco a poco, llevándose en él un pedazo de su vida. Los autos siguen pasando sin parar y un poco de agua le salpica las sandalias naranja, dejando ...