Nací en el barrio de Barracas, en el vértice, en el límite de capital y provincia, muy cerca de la mugre del riachuelo. Vivía con mis tres hermanastras que aunque eran igual de miserables que yo, querían cagar más alto que el culo. Siempre me usaban de mula y aunque mi disgusto era enorme tenía que actuar, hacer de hermano marica que les hace de psicólogo, peluquero y asesor de imagen. Para peor mi padre había muerto y me había dejado con mi “muy adorada” madrastra: Elba, que además venía con sus zánganas crías de 19, 27 y 40 años. Pero no todo era sufrimiento, a veces aprovechaba que ellas se tragaban el verso de la “buena hermanita” y les teñía el pelo con caca, les hacía baños de pie con agua, sal y un poquito de meo. Y eso no era todo... por la mañanas, muy temprano, acontecía lo más lindo de mis días… pasaba el camión de la basura y ahí, como si fuera una carroza de carnaval brasilero, montado en ella estaba Pedro, el padre de mis futuros hijos. Él era un morocho grandote, macizo,...
Relatos eróticos y cuentos antisistema. Cortos, filosos y mal hablados.