Ante tanta oferta, me decidí una tarde a pelear por mi hombre, tenía que ser mío. Entonces, busqué mi mejor tanguita, la perfumé con mi fragancia preferida “Pasión salvaje” y la envolví para regalo con una cartita que decía: “Esto es propiedad de Pedro… con todo lo que viene adentro.”, firma: “Su futura esposa, la que le va a dar mil hijxs”. Al día siguiente, me levanté 15 minutos antes de las 7 de la mañana y me dirigí a la vereda para dejar el paquete. Pero, lo que no sabía, es que mi mamita, Elba, me observaba tambaleando en la puerta de nuestra casucha. La desgraciada no dudó en avisar a mis hermanas y juntas, sin que yo me diera cuenta, sumaron a la carta una línea más que decía: “Nos vemos el viernes a las 2 de la mañana en el poste blanco de las cinco esquinas. No te vas a arrepentir cachorro...”.
En la mañana cuando nos encontramos todas en la
cocina, todo era risas y bromas, “Acá viene la esposa, abran paso, esta la chiruza
que le va a dar mil hijos” y aunque me hice la desentendida, los chistes
siguieron: “¿no te das cuenta que él espera una mujer de verdad?! ja justo vos negrito marica le vas a gustar”. Y
sí, yo ya lo había pensado mil veces desde que lo vi la primer vez, no me iba a
ser fácil, pero estaba segura que no hacía falta tener concha para hacerlo
feliz y yo estaba dispuesta a todo para lograrlo.
Llegada la noche del viernes, mi madrastra y mis
hermanitas se encerraron largo rato en el dormitorio de la viuda con unas
bolsas de ropa que habían comprado temprano en la feria. Se escuchaba como se
probaban zapatos, remeras, pantalones y vestidos. Se reían a carcajadas y
sorteaban al azar quién iría a una cita esa noche. Algo raro estaba pasando,
entonces posé mi oreja largo rato a ver si alguna se le escapaba algo y
¡“Voila”! María, la más chica de las tres, mientras se reía y burlaba, a las
otras les decía: -“yo tengo que salir sorteada, cuando me vea llegar a las 2 de
la mañana en las 5 esquinas, se desmaya. ¡A ustedes queridas ya se les pasó el
cuarto de hora! Mejor vayan a las fiestitas del PAMI”.
No podía ser cierto, ellas querían quedarse con lo
único hermoso que le quedaba a mi vida, ya se habían robado mi juventud
mientras hacía de mucama y hasta ni la casa de mi viejo me quedaba. Entonces
entendí que en esta vida si queres algo, tenés que luchar por ello y mientras
ellas se emperifollaban para la cita yo preparaba una gran montículo de
porquerías detrás de la puerta para dejarlas atrapadas y ganar algo de tiempo. Corrí
a mi cajón, porque para ropero no tenía, y me puse mi mejor pantalón chupin
blanco y una musculosita de red que me había regalado Sara, mi amiga trava que
justo yiraba en las 5 esquinas. Le mandé un mensaje desesperada y le pedí por
favor que si lo veía llegar a Pedro, el chico de la basura, le avise que si
quería conocer a su enamorada viniera mi dirección “Rodrigo Bueno 4567” y nos
pruebe una a una la tanguita. Sara no dudo en ayudarme pero cuando se le acercó
primero le ofreció un breve trabajito del cual Pedro quedó muy contento, y
luego sin dudarlo, le dio mi recado. Seguramente él creyó que yo también era
yiro y se vino corriendo. Cuando llegó a casa yo ya estaba vestida para matar y
con el culo limpito. Las borregas de mis hermanas y mi tierna mamita todavía
forcejeaban con el montículo acumulado que les había dejado del otro lado, pero
no era muy pesado y en muy poco tiempo estarían afuera. Aproveché mi tiempo y
lo invité a pasar, él estaba muy relajado… no sé si por el pete de Sarita o por
el faso que se habría fumado antes de llegar. Le serví una cerveza helada y
mientras el chorro amarillo llenaba el vaso, lo que quedaba mi “familia” se
apareció en la cocina, las cuatro hembras en celo no lo podían creer y se
quedaron mudas. Yo aproveché el silencio y le dije a nuestro chico: “Si querés
conocer a tu enamorada nos vas a tener que probar la tanguita”. Acto seguido
las egocéntricas de mi madrastra y hermanas se adelantaron y se quedaron en
culo. Pedro no perdió el tiempo, empezó con la más chica pero la tanga le
bailaba, siguió con la del medio pero no le pasaba ni por el tobillo, llegó a la
mayor y se le trabó arriba de las rodillas y por último, probó con mi mamita,
mientras le subía la tanga el olor a cajeta rancia lo descomponía pero logró
llegar a la cintura, lástima que elástico le cortaba la piel como hilo a
matambre. Era obvio que con esas medidas la bombachita era solo mía. Así que
viendo que las gallinas empezaban a alborotarse les rocié los ojos con gas pimienta,
uno que me había regalado Sarita hace unos meses para defenderme de los
violentos que no saben disfrutar a culo suelto. Aprovechando que Pedro se había quedado duro
con la escena y que tenía por los menos 30 minutos hasta que pase el efecto, lo
tomé de la mano y me lo llevé mansamente para mi piecita para que él me pruebe
a solas la tanguita y yo me pruebe su varita.
Michi Love

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