Nilda está
depresiva y Alma… está internada ¿será mucha coincidencia? Hace un mes las dos
se pelaban en el pasillo y ahora las dos separadas y enfermas. Bue.. como si la
locura fuera una enfermedad.
Alma gritaba
todas las mañanas el nombre de mi gato con su voz de soprano lírica. Mis oídos
y mis sueños disfrutaban en su ausencia forzada de un descanso pleno, salvo
cuando venían sus parientes yankees a cuidarla y se quedaban a dormir en su
pequeño departamento desordenado. Antes de su internación, cuando yo volvía de
trabajar encontraba su puerta abierta, que ella dejaba para que Julito, su gato
obeso, saliera a pasear por el pasillo y allí, entre estantes, bolsas y cajas,
se la divisaba a Alma como en una pintura de Klimt, rubia pálida como un papel,
rodeada de distintos objetos estrafalarios como si fuera la vieja de la basura,
que aunque no existe yo me la imaginaba desde chica así. Nilda me contó una
semana después que me mudé que Alma estaba loca y que sufría paranoia, Alma me
dijo que Nilda le golpeaba la puerta a la madrugada para molestarla y que el
portero se la coge. Son muchas cosas dichas por dos viejas solas y con mucho
tiempo de ocio, pero bueno como dicen por ahí “los chicos y los locos siempre
dicen la verdad”, porque para decir la verdad hay que estar loco.
Pasó una
semana más sin Alma, y Nilda, a pesar de su odio, sigue deprimida, raro ¿no? ¿no
será que en realidad aquello con lo que luchamos se vuelve nuestro objetivo de
vida? Y si el universo nos ahorrara la tarea eliminando el problema ¿qué
haríamos?

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