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Alma y Nilda - Capítulo II: Alma está internada y Nilda está depresiva

Cerré la puerta con las dos llaves, no es momento de confiar. Nilda me esperó para bajar, corrí para subir al ascensor con ella e hice fuerza para cerrar las dos puertas plegadizas. Se veía más flaca pero igual de coqueta y pintada que siempre, decía que estuvo pasando un mal momento debido a la depresión ¿qué mierda decir ante esas situaciones? ¿le digo que la vida es hermosa y que se deje de joder? o ¿que la vida es una mierda y que se pegue un corchazo? Bah… mejor le digo que estoy apurada que me cierra la carnicería y que otro día hablamos. Ella no me dió derecho a réplica y se bajó en el 1° piso para ver a un tal Emilio.

Nilda está depresiva y Alma… está internada ¿será mucha coincidencia? Hace un mes las dos se pelaban en el pasillo y ahora las dos separadas y enfermas. Bue.. como si la locura fuera una enfermedad.

Alma gritaba todas las mañanas el nombre de mi gato con su voz de soprano lírica. Mis oídos y mis sueños disfrutaban en su ausencia forzada de un descanso pleno, salvo cuando venían sus parientes yankees a cuidarla y se quedaban a dormir en su pequeño departamento desordenado. Antes de su internación, cuando yo volvía de trabajar encontraba su puerta abierta, que ella dejaba para que Julito, su gato obeso, saliera a pasear por el pasillo y allí, entre estantes, bolsas y cajas, se la divisaba a Alma como en una pintura de Klimt, rubia pálida como un papel, rodeada de distintos objetos estrafalarios como si fuera la vieja de la basura, que aunque no existe yo me la imaginaba desde chica así. Nilda me contó una semana después que me mudé que Alma estaba loca y que sufría paranoia, Alma me dijo que Nilda le golpeaba la puerta a la madrugada para molestarla y que el portero se la coge. Son muchas cosas dichas por dos viejas solas y con mucho tiempo de ocio, pero bueno como dicen por ahí “los chicos y los locos siempre dicen la verdad”, porque para decir la verdad hay que estar loco.

Pasó una semana más sin Alma, y Nilda, a pesar de su odio, sigue deprimida, raro ¿no? ¿no será que en realidad aquello con lo que luchamos se vuelve nuestro objetivo de vida? Y si el universo nos ahorrara la tarea eliminando el problema ¿qué haríamos?


Michi Love

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