Sonó el timbre del departamento de al lado, era domingo a las 8 de la mañana ¿quién mierda podría ser? Nadie respondió y el NN volvió a tocar varias veces, nadie respondió. Al concierto se sumaron varios golpes a la puerta y una voz que dijo: “Abrime Nilda, soy Emillio. Dale, abrime que la vamos a pasar bien”. Luego de un rato se escuchó la puerta de Nilda que se abrió para dejar entrar al insistente y excitado intruso.
Me tapé la
cara con la almohada a ver si de una vez por todas me moría y podía dormir,
aunque más no sea, para toda la eternidad. Hasta la vieja depresiva tenía sexo
y yo no siquiera podía pegar un ojo. Dormir en este departamento parecía una
misión imposible, ya hace casi ocho meses que me encomendé esta tarea y nada.
Luego de
varias vueltas, me relajé, dejé de pensar boludeces drásticas y me dormí. Soñé
que vivía en una casa de madera cerca de las montañas, estaba sentada en la
galería y desde ahí veía a mi perro, amarillo y de pelaje brilloso, que corría
libre y feliz sobre el pasto verde y alto por el que atravesaban los rayos de
luz de sol en la hora mágica bañando de dorado todo el paisaje. “Toc-toc,
toc-toc” otra vez se oyeron zapatos de taco por el pasillo a las 8.30 h de la
mañana y… la puerta de mi vecina, esa bendita puerta que tenía como objetivo
despertarme de mi hermoso sueño. Seguido de eso, escuché a Emilio que dijo “Pase
Señorita, la estábamos esperando con ansias”.
Las paredes de mi departamento parecían de papel, se escuchó al trío conversar, reírse y chocar sus vasos varias veces. Luego de un rato, la vieja depresiva levantó la voz y repitió “¡no, no no! Yo soy una señora mayor… por favor, no”. El hombre se reía a carcajadas y le decía “Vení Nilda que te bautizamos, con esto te vas a curarde todos los males”. Un ruido seco y fino que dió contra con el piso repite tres veces, mágicamente luego de eso llegó el silencio. Con el placer inmenso como el de haber logrado cagar, me acomodé nuevamente para dormir, mis gatos se acurrucaron uno de cada lado y suspiré profundamente. Detrás de las paredes se escuchó un líquido chorrear y antes de que pudiera vaciar mis pulmones, una voz femenina pero imponente dice “¡silencio esclavos! reciban mi lluvia adorada!”.
Michi Love
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