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Transparencia


La pantalla le revelaba algo que jamás había visto. Unas bolitas transparentes de un material similar al acrílico se sumergian una detrás de otra en la oscuridad barrosa de un culo. Parte del cuerpo de una mujer única, de una especie híbrida perfecta, una corporeidad escultural llena de dibujos y con pija. La mujer encerrada en la pantalla tenía un rostro pálido con ojos color miel y la boca pintada de rojo como si fuera una muñeca oriental antigua. Frente al monitor una mojigata mojaba su ropa interior con el brillo y transparencia que los caracoles dejan sobre las hojas de las plantas que van a devorar. 
La piba nunca hubiera imaginado que la red social del pajarito tendría tanta y tan variada pornografía para ofrecer, un mundo desconocido por ella durante años.
Antes de naufragar visualmente en busca de cuerpos deseosos y deseantes, ella debía estudiar para obtener un título de grado, trabajar para vivir y pagar el alquiler de un pequeño sucucho en la localidad de Burzaco cerca de una polvorienta rotonda que tenía más vida de noche que de día. Durante esos frígidos años se sentaba en una plaza a almorzar, uno de los pocos ratos libres que tenía, y esperaba, como quien no quiere la cosa, que cayera algún pijazo del cielo. No había tiempo para salir ni chatear. Nada podía desconcentrarla de sus estudios 
ni de su trabajo. 
Hasta que al fin su carrera terminó, dejándole un enorme vacío que no podría ser llenado con una pija ni con una concha, no era ese tipo de carencia. Entonces se dedicó a aprender, a ver todo lo que pudo referido al placer de los cuerpos. Iba a cines porno repletos de gays masturbándose y chupándose alguna extremidad, aprendía más de sus compañerxs de butaca que de la pantalla grande, donde solo había rubias voluptuosas poco equilibradas y un tanto monstruosas, donde el hombre prácticamente ni aparecía. Fue a recorrer plazas porteñas para ver a las travestis levantar, vio a los jóvenes de short dar vueltas en las glorietas, fue a boliches para reconocer las tácticas de levante, pagó canales de cable para adultxs y encontró en la web variedad de páginas triple equis.
Cuando ya estuvo harta de ver, notó que ella no estaba vacía, y que, si bien no había protagonizado aún ninguna de las escenas que había visto, estaba llena, colmada, 
repleta de algo que producía ella misma con su propio cuerpo, un líquido cálido, delicioso y transparente, el flujo resultante de sus orgasmos.


Michi Love

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