Día de perros
en el laburo. Vuelvo caminando cansada con los pies de plomo como si jugara a
secar el piso con los zapatos. Miro mi barrio que tanto amo pero estoy cansada
y pienso “¡¿por qué mierda no seguí los consejos de mi tía Nery?! Ella me decía
que tenía que casarme con un viejo con plata, que me lo bancara un tiempo y
chau pichu. Que dios lo tenga en su gloria. Yo y mi orgullo de mierda.
Abro la puerta
de mi edificio y me cruzo con el vago del portero que de limpiar ni hablemos
pero de la novela del edificio lo sabe todo. Flaquito y pelotudo, no hace un
carajo de su vida y lleva siempre una cara de amargado, “dios le da pan al que
no tiene dientes”. Por lo visto hoy tampoco limpió el piso y perfumó el
ascensor con olor a basura, que linda vecindad. Encima como San Telmo es un
barrio gay friendly la comunidad gay está copando el edificio y cada tanto hay
algún guascaso de regalo. Claramente vivo en el borda.
Voy subiendo
en el ascensor y se detiene en el 3ro. Entra el rompe huevos de Emilio que iba
contento como un adolescente que la va a poner por primera vez:
- “Voy a ver a
tu vecina”.
- ¿vas a ver a
Nilda? Pensé que seguía internada. (quien mierda le preguntó…)
- No… voy a
ver a ¡Alma!
- Usted Emilio
no deja de sorprenderme...
- Yo soy
masajista, hago Reiki, yoga, yudo y todo lo que te imagines. ¡Yo no me peleo
con nadie!
Terapia
urgente para mi vecino, pensé. O más bien voy a sacar un turno para mí, estos
viejos de mierda me van a volver loca.
Bajamos del
ascensor y camino a mi departamento, los gatos lloran como desesperados. A
veces creo que son unos animales de mierda y que por qué carajo se me ocurrió
tenerlos, como pelos, cago pelos, visto pelos.. y bue en el fondo.. muy eb el
fondo los amo.
Tanto como
seguramente Emilio ama a Alma y Nilda cuak viejo partucero. Que personajes son
estos tres. Abro las dos llaves de mi puerta, seguro mis bebes rompebolas y
peludos me esperan.
Una vez
adentro, me saco los zapatos, camino unos pasos y una voz finita me grita desde
la ventana:
- ¡Holaaa
querida! Mostrame a Ernesto ¿cómo está el muchachooo?
Respiro
profundo, nada puede ser peor y en unas horas ya el día termina. Sin responder,
cierro la cortina y pongo la pava eléctrica para tomarme unos ricos mates.
Ahora sí, nada puede interrumpir la deliciosa paz del hogar.
Lleno los
platitos de los gatos con alimento balanceado, me preparo la mesa con mate,
tostadas y prendo la tele para que algún programa pedorro me haga olvidar un
poco de la realidad. Subo bastante el volumen de la tv, no quiero escuchar nada
que venga de afuera de mi departamento y que viole mi tan preciada paz.
Toc Toc toc me
golpean la puerta pero como tengo muy fuerte la tele dejo que piensen que no
los escucho. ¡¡Que se vayan a la mismísima puta madre que los parió!!
Me pongo
auricular y sigo disfrutando de mi preciada soledad. Pasan las horas y me da
hambre. En mi freezer un poquito de carne picada, leche, cebolla.. sale una
polenta con salsa bolognesa!. Una delicia.
Ya se deben
haber dormido estos viejos también, así que apago la tele y me acuesto.
Toc Toc Toc - otra
vez la puta puerta. Me acerco y miro por la mirilla, era Nilda ¡Cartón lleno!.
- Abrime nena…
abrime que tengo algo terrible que contarte.
Yo digo...
¿no? ¡¿por qué la gente cree que a una le interesa las vidas de mierda de otros
seres humanos?!. Le abro, no me deja ni preguntarle como está y si se recuperó
o no.. y me empieza a hablar como un loro. Bueno parecía estar bastante
recuperada del incidente.
- Escuchame
querida, no sabes qué cosas horribles ocurren en este edificio. Vos viste no…
como son las cosas. Nuestra querida vecina Alma y Emilio, mi amigo del 3ro fueron
asaltados esta tarde y al parecer como creyeron que tenían plata, se los
llevaron!!
Una sensación
espectacular me recorrió el cuerpo y casi grito de alegría, si es que ese
sentimiento es real como el amor y otras yerbas que no se saben si son
palpables o no. Pero bueno… finalmente dios escuchó mis plegarias. Dos viejos
de mierda menos en el edificio. La contaminación sonora baja seguro un 80% a
partir de mañana.
- Nena... decí
algo… que te pasa??.
Me borro la
pequeña mueca de sonrisa y reacciono, la tranquilizo un poco, le ofrezco mi
ayuda y nos despedimos.
Menos mal que
mi cerebro no habla por si solo porque estaría en graves problemas y Nilda, mi
depresiva vecina pensaría que vive al lado de Baudelaire o peor… de Hitler.
Michi Love

Comentarios
Publicar un comentario