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Alma y Nilda - Capítulo IV: El regreso de los muertos vivos

Seis de la mañana, es miércoles 26 de diciembre, en pocas horas me tengo que levantar para ir a trabajar. Alguien golpea con fuerza la puerta de Nilda... ¡la re concha de la lora de Emilio, de Alma y de todas las viejas putas de este edificio! Acaso... ¡¿no se dan cuenta que soy una esclava más del puto sistema y qué a diferencia de ellos me levanto en 2 horas para ganar unas pocas chirolas?!

Una voz masculina llama a la anciana por su nombre y golpea desesperado varias veces. Me alarmo, ¿a ver si por fin mis deseos de que las viejas forras se pudran se concretó? 

- ¡¡Esperame Nilda!! – gritó desesperado. – “Voy a buscar las herramientas para poder abrir la puerta”.

Se escuchó una corrida por el pasillo y el hombre regresar con las herramientas. Luego de varios intentos, se escuchó que la puerta se abrió y la vieja de fondo se quejó monosilábicamente: -Aaaaa… aaaaaa…. Aaaa. Oí al hombre hablar por teléfono y pedir una ambulancia. Yo no pienso abrir la puerta, lo único que me falta es que me pidan ayuda o salir de testigos de estos viejos de mierda.

Luego un rato el calvario cesó, se escucharon pasos, más voces y por fin la puerta del ascensor que se cerró. ¡Chau gente indeseable! ¡Váyanse bien a la mierda!

Disfruté por fin del silencio, tesoro preciado y escaso en este edificio. Mimé a los gatos, me bañé, me tomé un tecito de tilo y salí en paz hacia mi trabajo. Cerré la puerta con las dos llaves y avancé algunos pasos hacia el ascensor. Pero… como dicen por ahí “la curiosidad mató al gato”… y volví hacia la última puerta del pasillo. La puerta de Nilda estaba entreabierta, se ve que con el apuro nadie fue capaz de cerrarla.. ¡y después se quejan de la inseguridad! No lo pude evitar y entré para chusmear qué carajo pasó en el departamento de mi vecina. Voy despacito para que nadie me escuche, paso a paso, hasta llegar al baño. Había vomito por todos lados, pedacitos de carne procesada, morrones y un líquido blancuzco... tal vez jugo gástrico o biliar del estómago de la vieja arrugada. No contenta con la pintura impresionista estampada en el piso del baño, me dirijí a la cocina, me acerqué a la mesa y una tarta de carne y verdura todavía humeante me llamaba…a su lado un cartelito rojo decía: “Te extrañé mi querida amiga Nilda. Volví… hagamos las pases con un rico platillo que resucita muertos”. Debajo una letra casi caligráfica decía “Firma: Alma”.

Michi Love

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